¡Buenos días! Desde la asignatura de Lengua y Literatura, nuestr@s alumn@s nos muestran lo aprendido del mundo literario y su puesta en práctica, usando la imaginación y, por supuesto, los valores que conocen desde la experiencia. Aquí, os dejamos con algunos ejemplos, como es el cuento de El Conde Lucanor, una obra de Don Juan Manuel, que lleva enseñanzas en el final de cada cuento; por eso, Alba Miñano nos enseña otra, ¡que lo disfrutéis!:
Un día, el Conde Lucanor hablaba
con Patronio, su consejero, y le dijo:
-
Patronio, usted sabe que ser solidario para mí
es de las cosas más importantes en esta vida y le soy fiel a ello, pero a mi
pesar la gente no lo ve de esa manera. Siempre he intentado estar por y para los
demás, ayudando en especial a los que más lo necesitan y, a lo largo de mi
vida, me he dado cuenta de que esas ayudas y apoyo que le brindo a la gente, no
lo he recibido, ni una mísera muestra de cariño, de ayuda, de apoyo…
-
Señor Conde Lucanor – dijo Patronio- si me
permites, me gustaría contaros lo que sucedió entre la solidaridad y el
egoísmo.
-
Señor- dijo Patronio- la solidaridad y el
egoísmo eran mejores amigos, se querían mucho y eran inseparables. El egoísmo
tenía muchos más amigos, ya que vivían en un lugar donde ninguno de los
habitantes se ayudaban entre ellos, pero, en cambio, la solidaridad solo tenía
egoísmo, no tenía más amigos ya que era muy amable con la gente; le gustaba
mucho ayudar a los demás y por eso la gente nunca estaba con ella, porque les
parecía cargante, por estar siempre feliz y ayudando. La solidaridad siempre se
iba con los amigos del egoísmo y con él, pero ellos siempre le ignoraban, no
entendían cómo alguien como el egoísmo podía tener a solidaridad como mejor
amiga. Egoísmo, entonces, les explicó que todo era mentira; solamente se
aprovechaba de ella porque siempre le ayudaba en todo, sus amigos se
sorprendieron mucho y quisieron hacer lo mismo que egoísmo.
Pasaron los días y los amigos de egoísmo comenzaron
a llevarse bien con solidaridad; ella no daba crédito, estaba súper feliz.
Efectivamente, como era de esperar, solidaridad comenzó a ayudar siempre a
todos los amigos de egoísmo y ellos estaban encantados con el trato de ella,
pero, llegó un punto en el que solidaridad también necesitaba ayuda e, ilusa de
ella, acudió a sus supuestos amigos. Todos se negaron a ayudarla; no lo
entendía, ya que siempre les ofrecía su ayuda y creía que, al dar una ayuda
antes, la iba a recibir de vuelta y no era así. Solidaridad estaba muy triste y
comenzó a comprender que la estaban engañando. Por un momento, se planteo dejar
de ayudar, pero ella sabía que eso era algo que le encantaba y le hacía feliz.
Por ello, continuó ayudando a la gente, pero, sin esperar nada a cambio, ya que,
si ayudas a los demás es porque te gusta, no por recibir algo. Desde ese
momento, comenzó a tener más amigos, a los que nunca les gustaba ayudar. Poco a
poco, iban comprendiendo su importancia.
Al Conde le encantó ese consejo y lo siguió
y, desde ese instante, ayudar le gustaba más porque lo hacía de corazón,
compuso un verso que dice así:
La
solidaridad puede costar mucho
Pero
lo más caro es lo mejor
Mientras
más solidario seas
Mejor
persona serás.
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