Es irónico pensar
en esta frase con el ritmo de vida que llevamos. Desde pequeños nos enfocamos
en una dirección: estudiamos durante unos veinte años, contando universidad,
para que, con un poco de suerte, podamos trabajar y cobrar un sueldo decente, cotizar y durante
cuarenta años y, con tantos años de duro trabajo a la espalda, por fin parar a
descansar nuestros últimos años de vida.
Si bien no
creo en el destino, opino que la sociedad nos ha impuesto uno,pero, ¿qué mas
da? Es decir, ¿para qué vivir si vamos a morir de todas formas?. Una vez le
planteaba esta cuestión a un colega, a lo que él me respondió: ‘’Celia, la vida
está para vivirla’’. Puede parecer una obviedad, pero no lo es, pues, volviendo
a la introducción, no he comentado momentos en los que la vida es un poco más…
vida. Por ejemplo, cuando estamos riéndonos con un viejo amigo, cuando es
navidad con toda la familia reunida o en una noche de verano bajo el cielo
estrellado, en la playa y con nuestros amigos.
Para mí,
practicar el ‘’carpe diem’’ es para valientes. Es muy fácil y cobarde
lamentarse continuamente. Sin embargo, salir cada mañana con ganas de comerse
el mundo y de exprimir cada momento al máximo, por pequeño que sea, ya es más
complicado.
Celia Santano (3ºD)
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