Biel,
un zagal amigable, generoso y honrado, tenía una cuestión que llevaba
rondándole en la cabeza semanas. Así pues, se dispuso a preguntarle a su
hermano mayor David, el cual siempre tenía un buen consejo para darle.
-
Querido hermano, llevo mucho tiempo con una
batalla interna entre mi cerebro y mi corazón que no me permite descansar – comenzó
Biel-. Conozco a dos muchachas, y estoy enamorado de una, y la otra simplemente
es deseo, pues, aunque una de las características del ser humano más admirable
es su capacidad de repartir amor y multiplicarlo, el que mi corazón siente es
distinto, como si me hubiesen clavado una flecha, cuyo arco fue creado bajo el
sello del más cálido y puro amor. La primera dama se llama Gabriela, es hermosa
y compartimos los mismos intereses. Podríamos pasarnos la eternidad hablando, y
aun así parece que tan solo hemos estado unos instantes.
Sin embargo,
también es envidiosa, cruel y vengativa, facetas en las cuales yo nunca me he
visto reflejado. En cambio, con la otra dama no tengo apenas pasatiempos en
común, pero es tan dulce, con una empatía desbordante y una inclinación siempre
hacia lo justo, que me hace dudar. Su nombre es diana y no sé cuál escoger, por
lo que te pido consejo.
-
Te contaré entonces la leyenda del Guerrero
Dorado – sugirió David-. Esta historia trata sobre el mayor guerrero jamás
conocido en la historia de la humanidad. Podía hacer temblar a hércules, llorar
a Aquiles, suplicar clemencia a Ayax. No existía nadie en todo el planeta que
no supiese de sus hazañas. Mas, como todo en esta vida, la trayectoria heroica
del Guerrero Dorado llegó a su fin, por lo que decidió descansar los años de
vida que le quedaban. Debido al bien que había causado en la humanidad, pues él
solo combatía si la causa era justa y noble, Zeus le concedió el deseo de
elegir entre las dos doncellas más solicitadas del universo.
La primera era
una musa cuya belleza hacía sombra a la de Afrodita y sus ojos eran más
hermosos que una puesta de sol. Al vivir en el Olimpo, había pasado mucho
tiempo con Ares, por lo que se había aficionado a la guerra, pero, como su
compañero, era despiadada y sanguinaria.
La segunda era
una ninfa. Si bien no poseía la sublime belleza de la musa, sí poseía el
carácter justo y honrado por el que era reconocido el Guerrero. Encandilado por
las conversaciones de guerra y su gran hermosura, el Guerrero escogió a la
musa. Al principio, todo les iba bien, hasta que nuestro héroe observó que lo
que la musa tenía de belleza y de conocimientos bélicos, le faltaba de valores.
Debido a la gran incompatibilidad
que experimentaban día tras día, se separaron, por lo que el Guerrero Dorado
decidió comenzar con la ninfa, que no se sintió ofendida por ser ‘la segunda
opción’, pues ella comprendía la flaqueza del hombre ante las musas. Al
contrario de la primera relación, esta sí que funcionó. Se olvidaron de la piel
y se enseñaron mutuamente el alma, la parte más difícil de enseñar al universo.
Gracias a ello, vieron sus diferencias y fueron capaces de complementarse.
Es por este
relato, querido hermano, que le recomiendo escoger a Diana, ya que coincidirá
en intereses con miles de personas en esta vida, pero en los tiempos que
corren, encontrar a alguien con sus mismos valores es todo un reto. Elija a
alguien con los mismos valores, no con los mismos gustos, y estará más cerca de
encontrar a su alma gemela.
Así lo hizo Biel, escogió a Diana
y comenzaron una bonita relación que pasó por el altar. Duraron muchos años,
todos ellos felices y Biel siempre se lo agradeció a David.
Celia Santano (3ºD)
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