Entrada destacada

¡BIENVENIDOS!

              ¡Bienvenido@s de nuevo! Desde el Departamento de Lengua y Literatura del colegio, decidimos recoger algunos trabajos que los ...

jueves, 17 de junio de 2021

'ADAPTACIÓN DE EL CONDE LUCANOR', de Álvaro Moltó (3ºD)

 Os dejamos con otra adaptación de la obra de El conde Lucanor, ¡esperamos que la disfrutéis!

        Un joven caminaba por las desoladas calles de Cabiérniga, un pequeño pueblo de Cantabria. Vacacionaba en este precioso municipio huyendo del constante ajetreo de su vida en la capital. Decidió tomar asiento en un viejo y oxidado banco de una plazuca, donde no pudo evitar pensar en las responsabilidades que tendría al volver a Madrid.

                Un hombre de unos setenta y cinco años pasaba por allí. Este, en una de sus infinitas mañanas de paseos sin rumbo especifico, decidió interesarse por el joven, aparentemente abrumado.

El joven advirtió cómo el anciano, desconocido, se sentaba a su lado.

-         -  ¿Qué te preocupa? – Inquirió Ramón, el hombre de mayor edad.

-         - Verá…- empezó a responder Daniel-. Creé un negocio de tecnología: móviles, juegos, consolas… Pensé que me iría bien, pero llevo varios meses desde que la abrí y no llego al objetivo que quería; no hago tanto dinero como me gustaría hacer.

Ramón le  observó y reflexionó durante unos segundos sin decir nada.

-          - ¿Qué puedo hacer? – preguntó Daniel al anciano o, más bien, a sí mismo.

-        -   Te contaré algo, hijo…- comenzó a hablar Ramón, habiéndoselo tomado como una pregunta hacia él-. Yo tengo un sobrino que también tiene un negocio. Te sonará raro, pero un día se levantó y se preguntó: ‘’¿Por qué no vendo piedras? Seguro que alguien las compra’’.

 

Esto no es del todo así, no son piedras sin más, concretamente, es un negocio de artículos para peceras, pero lo que quiero transmitir es que de una idea tan ‘tonta’ puede salir algo productivo, como es vender toneladas de esas piedras a la semana.

Él es abogado, tiene su sueldo, pero le encantaba la idea de tener una pequeña empresa, fuera de ganar dinero. ‘’Creer es poder, tío’’, me decía siempre, y yo no lo quitaba razón, pero realmente no creía en que su negocio llegara a ser productivo, hasta que lo fue. Y aprendí que creer es poder y que es muy importante el cómo tomes las cosas y cómo les plantes cara.

 

Así, se me ocurre una metáfora breve: había un hombre allá por la Roma clásica muy ambicioso, quería tener el puesto más productivo del ‘’Forum Romanum’’, el foro romano. Para ello, dedicaba su vida única y exclusivamente a producir y vender de malas maneras y anteponiendo el dinero a todo lo demás. Por otra parte, un humilde comercio de verduras y pan, poco a poco ganaba fama en el Foro, ya que la calidad de los productos y el trato recibido era excepcional. Sin embargo, el ambicioso romano advertía cómo su negocio se estancaba y no vendía ni la mitad de lo que necesitaba vender.

 

Joven, el hombre del pequeño puesto  de verduras tenia una familia que cuidaba, hombres trabajando en su negocio y una vida llena de felicidad… Él no quería dinero para alcanzar poder, él quería ser feliz, hacer feliz a los demás y, simplemente, vivir bien. Por eso, creo que deberías reflexionar sobre cómo enfocas tu vida, teniendo en cuenta que, ¿de qué sirve tanto dinero si luego te falta lo que realmente importa? La familia, los amigos, los caprichos… Trabaja, pero no por el dinero, por ti y por los tuyos.

El joven Daniel se quedó maravillado al escuchar la lección de vida brindada por aquel hombre, lección que nunca olvidó, y hombre que tampoco olvidaría nunca, puesto que le hizo alcanzar el mayor éxito que puede uno tener: la felicidad.


Álvaro Moltó (3ºD)

No hay comentarios:

Publicar un comentario