¡Buenos días! Desde la asignatura de Lengua y Literatura, nuestr@s alumn@s nos muestran lo aprendido del mundo literario y su puesta en práctica, usando la imaginación y, por supuesto, los valores que conocen desde la experiencia. Aquí, os dejamos con algunos ejemplos, como es el cuento de El Conde Lucanor, una obra de Don Juan Manuel, que lleva enseñanzas en el final de cada cuento; por eso, Paula De Silva, nos enseña otra, ¡que lo disfrutéis!:
Paula De Silva Ferri (3ºC)
Un día,
hablaba el conde Lucanor con Patronio, su consejero, y le dijo:
-
Patronio, has de saber que estoy muy triste por
la despedida de uno de mis grandes amigos, mas tendría que estar feliz por él,
ya que se marcha a la ciudad de su mujer donde va a tener una casa y donde va a
poder encontrar un trabajo más fácilmente, ¿Qué debería sentir?
-
Señor conde Lucanor- dijo Patronio- para aclarar
tu duda, voy a contarte lo que le pasó a la Felicidad y a la Tristeza.
‘’Un día, un marinero decidió
irse a navegar al mar con su barca, la Felicidad. Era un día tranquilo y el
marinero disfrutaba del mar, pero, sin esperarlo, una gran ola volcó a la
Felicidad. Esa ola era la Tristeza.
-
Tristeza, ¿cómo te atreves a hacerme volcar?
-
No era mi intención molestarte, pero ya sabes
que una persona no puede sentir solo felicidad. Este marinero también necesita
sentir tristeza de vez en cuando.
-
Eso no es cierto, se puede vivir perfectamente
sin tristeza.
-
Y, entonces, ¿para qué existo?
-
A lo mejor, no deberías existir.
La Tristeza se fue muy triste pensando que no servía para
nada y que la gente prefería vivir sin sentirla. Unos días después, el mismo
marinero quería irse a navegar, pero no encontraba a la Felicidad. Se sentó en
el puerto y se puso a llorar porque pensaba que la había perdido para siempre.
Entonces, llegó una pequeña ola que chocó contra la orilla; era la Tristeza,
que le dijo:
-
Marinero, la Felicidad no suele tardar en
volver, mas, cuando ella no esté me tienes a mí, aunque yo no sea la mejor
compañía.
-
En realidad, si no estuvieras aquí, me sentiría
solo.
La tristeza se sintió muy feliz al escuchar las palabras del
marinero y se puso a llorar de alegría.
-
¿Por qué lloras? – le preguntó el marinero.
-
Porque has agradecido mi compañía aunque no sea
la mejor y estoy muy feliz por ello.
-
Pero, eres la tristeza, ¡no puedes sentir
alegría!
-
Sí que puedo, ¿sabes por qué se fue la
Felicidad? Porque se sentía muy triste y arrepentida por lo que me dijo.
-
Vos, señor conde Lucanor, fíjate en lo que el
marinero aprendió: la tristeza no puede vivir sin la felicidad, que la
felicidad no puede vivir sin la tristeza y que él no puede vivir sin ninguna de
las dos.
Al Conde le gustó mucho este
consejo que Patronio le dio y compuso unos versos que dicen así:
Siente
lo que sientas,
No lo que deseas sentir.
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