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lunes, 25 de abril de 2022

PAULA DE SILVA, 3ºC

 


¡Buenos días! Desde la asignatura de Lengua y Literatura, nuestr@s alumn@s nos muestran lo aprendido del mundo literario y su puesta en práctica, usando la imaginación y, por supuesto, los valores que conocen desde la experiencia. Aquí, os dejamos con algunos ejemplos, como es el cuento de El Conde Lucanor, una obra de Don Juan Manuel, que lleva enseñanzas en el final de cada cuento; por eso, Paula De Silva, nos enseña otra, ¡que lo disfrutéis!:


Paula De Silva Ferri (3ºC)

                Un día, hablaba el conde Lucanor con Patronio, su consejero, y le dijo:

-          Patronio, has de saber que estoy muy triste por la despedida de uno de mis grandes amigos, mas tendría que estar feliz por él, ya que se marcha a la ciudad de su mujer donde va a tener una casa y donde va a poder encontrar un trabajo más fácilmente, ¿Qué debería sentir?

-          Señor conde Lucanor- dijo Patronio- para aclarar tu duda, voy a contarte lo que le pasó a la Felicidad y  a la Tristeza.

‘’Un día, un marinero decidió irse a navegar al mar con su barca, la Felicidad. Era un día tranquilo y el marinero disfrutaba del mar, pero, sin esperarlo, una gran ola volcó a la Felicidad. Esa ola era la Tristeza.

-          Tristeza, ¿cómo te atreves a hacerme volcar?

-          No era mi intención molestarte, pero ya sabes que una persona no puede sentir solo felicidad. Este marinero también necesita sentir tristeza de vez en cuando.

-          Eso no es cierto, se puede vivir perfectamente sin tristeza.

-          Y, entonces, ¿para qué existo?

-          A lo mejor, no deberías existir.

La Tristeza se fue muy triste pensando que no servía para nada y que la gente prefería vivir sin sentirla. Unos días después, el mismo marinero quería irse a navegar, pero no encontraba a la Felicidad. Se sentó en el puerto y se puso a llorar porque pensaba que la había perdido para siempre. Entonces, llegó una pequeña ola que chocó contra la orilla; era la Tristeza, que le dijo:

-          Marinero, la Felicidad no suele tardar en volver, mas, cuando ella no esté me tienes a mí, aunque yo no sea la mejor compañía.

-          En realidad, si no estuvieras aquí, me sentiría solo.

La tristeza se sintió muy feliz al escuchar las palabras del marinero y se puso a llorar de alegría.

-          ¿Por qué lloras? – le preguntó el marinero.

-          Porque has agradecido mi compañía aunque no sea la mejor y estoy muy feliz por ello.

-          Pero, eres la tristeza, ¡no puedes sentir alegría!

-          Sí que puedo, ¿sabes por qué se fue la Felicidad? Porque se sentía muy triste y arrepentida por lo que me dijo.

-          Vos, señor conde Lucanor, fíjate en lo que el marinero aprendió: la tristeza no puede vivir sin la felicidad, que la felicidad no puede vivir sin la tristeza y que él no puede vivir sin ninguna de las dos.

 

Al Conde le gustó mucho este consejo que Patronio le dio y compuso unos versos que dicen así:

                                       Siente lo que sientas,

                                       No lo que deseas sentir.

ALBA MIÑANO 3ºC ''LA SOLIDARIAD Y EL EGOÍSMO''

 

¡Buenos días! Desde la asignatura de Lengua y Literatura, nuestr@s alumn@s nos muestran lo aprendido del mundo literario y su puesta en práctica, usando la imaginación y, por supuesto, los valores que conocen desde la experiencia. Aquí, os dejamos con algunos ejemplos, como es el cuento de El Conde Lucanor, una obra de Don Juan Manuel, que lleva enseñanzas en el final de cada cuento; por eso, Alba Miñano nos enseña otra, ¡que lo disfrutéis!:

Un día, el Conde Lucanor hablaba con Patronio, su consejero, y le dijo:

-          Patronio, usted sabe que ser solidario para mí es de las cosas más importantes en esta vida y le soy fiel a ello, pero a mi pesar la gente no lo ve de esa manera. Siempre he intentado estar por y para los demás, ayudando en especial a los que más lo necesitan y, a lo largo de mi vida, me he dado cuenta de que esas ayudas y apoyo que le brindo a la gente, no lo he recibido, ni una mísera muestra de cariño, de ayuda, de apoyo…

-          Señor Conde Lucanor – dijo Patronio- si me permites, me gustaría contaros lo que sucedió entre la solidaridad y el egoísmo.

-          Señor- dijo Patronio- la solidaridad y el egoísmo eran mejores amigos, se querían mucho y eran inseparables. El egoísmo tenía muchos más amigos, ya que vivían en un lugar donde ninguno de los habitantes se ayudaban entre ellos, pero, en cambio, la solidaridad solo tenía egoísmo, no tenía más amigos ya que era muy amable con la gente; le gustaba mucho ayudar a los demás y por eso la gente nunca estaba con ella, porque les parecía cargante, por estar siempre feliz y ayudando. La solidaridad siempre se iba con los amigos del egoísmo y con él, pero ellos siempre le ignoraban, no entendían cómo alguien como el egoísmo podía tener a solidaridad como mejor amiga. Egoísmo, entonces, les explicó que todo era mentira; solamente se aprovechaba de ella porque siempre le ayudaba en todo, sus amigos se sorprendieron mucho y quisieron hacer lo mismo que egoísmo.

Pasaron los días y los amigos de egoísmo comenzaron a llevarse bien con solidaridad; ella no daba crédito, estaba súper feliz. Efectivamente, como era de esperar, solidaridad comenzó a ayudar siempre a todos los amigos de egoísmo y ellos estaban encantados con el trato de ella, pero, llegó un punto en el que solidaridad también necesitaba ayuda e, ilusa de ella, acudió a sus supuestos amigos. Todos se negaron a ayudarla; no lo entendía, ya que siempre les ofrecía su ayuda y creía que, al dar una ayuda antes, la iba a recibir de vuelta y no era así. Solidaridad estaba muy triste y comenzó a comprender que la estaban engañando. Por un momento, se planteo dejar de ayudar, pero ella sabía que eso era algo que le encantaba y le hacía feliz. Por ello, continuó ayudando a la gente, pero, sin esperar nada a cambio, ya que, si ayudas a los demás es porque te gusta, no por recibir algo. Desde ese momento, comenzó a tener más amigos, a los que nunca les gustaba ayudar. Poco a poco, iban comprendiendo su importancia.

 

 

Al Conde le encantó ese consejo y lo siguió y, desde ese instante, ayudar le gustaba más porque lo hacía de corazón, compuso un verso que dice así:

               La solidaridad puede costar mucho

               Pero lo más caro es lo mejor

               Mientras más solidario seas

               Mejor persona serás.