Os dejamos con otra adaptación de la obra de El conde Lucanor, ¡esperamos que la disfrutéis!
Un día, el Duque de Windsor habló
con su asesor Alexander y le dijo:
- - Alexandre, sabed que hay un hombre zarrapastroso
a las puertas del palacio desde hace días y está espantando a todos los
visitantes porque piensan que les hurtará sus bienes o les golpeará.
- - Majestad, - dijo Alexander-, para que actuéis de
forma adecuada, os contaré la historia del Mendigo benévolo:
Hubo una vez en la que un
mendigo, el cual todos los días iba a pedir limosnas delante del banco, decidió
entrar al banco en vez de quedarse fuera. Cuando lo vieron los guardias,
inmediatamente, corrieron hacia él, lo cogieron y lo expulsaron, de tal forma
que acabó magullado. Algún tiempo después, uno de los guardias fue a la iglesia
y allí se encontró al mendigo que había echado del banco días antes.
Sorprendentemente, aquel
hombre descuidado y enfermizo, no estaba pidiendo limosna, sino que le estaba
ofreciendo al sacerdote todo el dinero que había conseguido.
- - Majestad, hay veces que las personas usan todas
sus fuerzas y dan todo lo que tienen, aunque se queden sin nada, a personas que
lo están pasando aun peor. Hay quienes prefiere el bienestar de otros al suyo.
Así pues, el guardia, tras ver eso, comenzó a permitirle pasar
al interior del banco para que pudiese recaudar un poco más.
-
Majestad, tal vez usted pueda ser el guardia de
ese hombre, porque recuerde: la solidaridad no solo es un gesto de ricos, sino
de bondadosos.
Al duque le
agradó la reflexión de Alexander y decidió ser benévolo con el mendigo y le estableció
un lugar más cálido para que siguiese mendigando.
‘’Evitad repudiar a la
gente y abrazadla
Para que la bondad llegue
a todas las personas’’.
Félix Arroyo (3ºD)
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