N Nuestra compañera Sofía, en sus ratos libres, deja que sus pensamientos vuelen a través de su propia pluma. Así, decide compartir este fragmento con nosotros:
- Querida lluvia que nada alivia, pero mis penas avisa cuando el alma está viva.
Hoy día de lluvia me encuentro escuchando música, con el volumen tan alto
como para que esta también suene en tu cabeza. Me levanto de la cama para
hacerme un café, que me da la energía que hoy no tengo. Cuando ya está
preparado me dirijo a sentarme en la cómoda y mirar por la ventana para
contemplar a las personas que pasan por la calle. Es divertido y encantador ver
a un rostro desconocido sin saber qué es de su vida o qué pasa por su mente en
este instante. A su vez, analizo cada gota de agua que cae por la ventana de la
habitación y el pequeño rayo de sol escondido entre las nubes que llega hasta
mí. Me quedo un rato adormecida por culpa del precioso atardecer que cada vez a
invadiendo más el cielo. Es precioso con sus colores tan elegantes y llamativos
al mismo tiempo, por lo que, al final, me quedo dormida. De repente, se para la
música que tengo puesta en un tocadiscos que compré en una tienda vintage hace
ya tiempo y me doy cuenta de que ya es de noche. Las luces de la ciudad están encendidas
y le dan un toque menos siniestro a esta. Me quedo un rato más mirando por la
ventana para despejarme un poco y ponerme en marcha, ya que mañana tendré que
entregar varios trabajos de clase que están por rematar. Al terminar la tarea
pendiente, me doy una ducha de agua caliente para que lo único que me quede por
hacer hoy sea ponerme el pijama y enrollarme con la manta, de tal manera que
luego me cueste salir de ella. Antes de ducharme, dejo preparada mi cena: una
deliciosa crema de verduras que mi madre me enseñó a preparar de pequeña. Con la
manta ya puesta, me siento a tomármela.